Esta es una versión del famoso cuadro de la Escuela Cuzqueña cuyo original se encuentra en la Iglesia de la Compañía. La iconografía no difiere de las otras que se hallan tanto en el Cuzco como en Lima, salvo la eliminación de la dama de compañía de Ana María Coya que sí se observa en otras copias. La composición, al igual que las demás versiones de este cuadro, se estructura en tres grupos de elementos. A la izquierda, los miembros de la nobleza indiana, resaltándose la figura de Tupac Amaru I, el último Inca de Vilcabamba. Al centro se ubican las dos parejas nupciales. La primera formada por Martín de Loyola, sobrino nieto de San Ignacio de Loyola (1491-1556), y Doña Beatriz Ñusta Coya, hija de Felipe Tupac Amaru. La segunda constituida por Juan Henríquez de Borja, biznieto de San Francisco de Borja (1510-1572) con Ana María Clara Coya de Loyola, hija de Martín de Loyola y de la Ñusta Beatriz. Junto a los novios se encuentran San Ignacio de Loyola y San Francisco de Borja. En lado derecho del óleo se puede apreciar el momento del casamiento entre Juan Henríquez y Ana María Coya, bendecidos por el obispo de la ciudad y rodeados de invitados.
La necesidad de difundir el contenido y el símbolo de esta representación por los diversos territorios del Virreinato de Perú, fue una labor que la Compañía de Jesús desarrolló de manera intensiva. La futura nación peruana, nacida de la unión entre el occidente cristiano y las sociedades precolombinas, se presenta como una utopía mestiza surgida de la gesta de la evangelización. Los padres jesuitas fueron muy concientes del papel que poseían las imágenes en la sociedad indiana y apostaron en utilizarlas con el fin de divulgar el proyecto de una nación cristiana, armonizada en sus componentes políticos, raciales y culturales. Por ello esta pintura posee una dimensión reconciliadora, pues invita a los elementos que configuran el Perú a establecer, a partir del símbolo del matrimonio, una unión que se rectifica en la filiación sanguínea, otro signo de la unidad.
Formalmente, esta pintura esta realizada, como las otras, con oficio. Los detalles pictóricos nos sitúan en la envergadura de la situación. Las escalas de luz y de color, son utilizadas con solvencia y sugiere que los artesanos peruanos habían logrado instalarse plenamente en los elementos formales traídos por los europeos. La producción ingente de copias por medios artesanales se evidencia como una muestra del desarrollo de la industria pictórica de la Escuela Cuzqueña. Ciertamente, la sensibilidad que la Compañía de Jesús tuvo (y tiene) por los medios visuales, fue un impulso notable que recibió la tradición artística peruana. No podríamos hablar de la Escuela Cuzqueña y de sus logros, sin la presencia de la orden jesuita.
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